Ricos besos en el Día del Beso

Besar frecuentemente crea euforia y ayuda la longevidad.

Un poeta francés dijo que el único idioma universal es el beso.
Debe ser cierto, pues este 13 de abril todo mundo celebra el Día del Beso, un acto que puede estar lleno de amor, de romanticismo, ternura e incluso, tristeza.
Pero la fecha se instituyó por algo más prosaico, pues conmemora el beso de más larga duración registrado por una pareja que en 2011 mantuvo unidos sus labios por 46 horas, 24 minutos y 9 segundos, en un concurso en Tailandia.
Pero no todos los besos tienen una alta carga erótica. Hay besos en la frente como signo de admiración y respeto, o una demostración de ternura y señal de protección. Existe el beso esquinal, que se da frotando las narices, o el beso en la mejilla, para saludar a alguien que estimamos. Un beso se puede lanzar también.
Besamos a la pareja, a los niños, a los seres queridos, y cada beso es saludable, porque representa un excelente ejercicio que ayuda a quemar calorías y fortalecer el sistema inmunológico, además de crear vínculos afectivos entre las personas.
Algunos estudios realizados por especialistas en la materia, dicen que el beso puede compararse a una droga natural, ya que provoca en los individuos un incremento de la oxitocina, la hormona responsable de generar cambios físicos y neurológicos como el placer, el enamoramiento y todo lo vinculado a la afectividad.
Al besar aumenta el ritmo cardíaco, de 60 hasta unas 100 pulsaciones por minuto.
Un beso apasionado quema entre 6 a 100 calorías por minuto y fortalece el sistema inmunológico. Mejora la circulación sanguínea e incrementa la autoestima.
Para las parejas que acostumbran besarse esto puede representar el tener una vida más longeva y feliz, ya que encierra un poder terapéutico y psicológico.
Es imposible saber cómo inició el beso, pero se cree que todo comenzó como resultado de la lactancia o quizás mucho más atrás, cuando los homínidos caminaban por el mundo y tenían que alimentar sus crías a través de la boca.
En la India se encontraron los vestigios más antiguos del beso, en templos con templos figuras de seres talladas en piedra realizando esta práctica.

El beso más famoso de la historia fue entre dos desconocidos.

El beso más famoso en la historia es el que un marinero le dio a una enfermera en Nuevo York, el 14 de agosto de 1945, luego desembarcar tras la Segunda Guerra Mundial.
Ambos se besan apasionadamente en el cruce de Broadway con la Séptima, y el fotógrafo Alfred Eisenstaedt los captó con su lente.
Pero ambos ni se conocían. La joven, Greta Zimmer Friedman en 1980 declaró que el beso había sido totalmente casual y que nunca más supo del marinero.
Pero sin duda lo disfrutó. Como se disfrutan todos, los de madre, los de los hijos, de la pareja.
Incluso aquellos, que, como dice Bécquer, vienen de labrios que “también pueden besar con la mirada”.

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